Revista Institucional Caminos - N° 16
   
 

No está claro qué significa  “centro educativo” ni cuáles son sus fines. ¿Es lo mismo centro educativo que colegio, instituto, escuela o academia? ¿Se trata de preparar a los  alumnos para ocupar un puesto de trabajo determinado, para desarrollar capacidades y técnicas e integrarse al mundo de la información o para que adquieran unos conocimientos básicos y ser capaces de ganarse la vida más adelante?
La manera de entender la realidad educativa va a condicionar el trabajo de los directivos, de los profesores y la participación de los propios padres de familia. Y si no se tienen nociones sobre el sentido de la educación, ¿qué se puede esperar de una institución educativa?
Hace bien el gobierno en pretender tener en su plana a profesores más capacitados a través de los procesos de evaluación que se han programado. Pero, qué garantiza el compromiso de los maestros seleccionados con el desarrollo armónico e integral con los alumnos, quién, como exhortaba Paulo Freire, les exigirá que respeten los saberes y el contexto de los educandos, que corporicen sus palabras a través el ejemplo o que respeten la autonomía del ser del alumno.
Es importante también, entonces, replantear la formación de los propios maestros en la mayoría de facultades de educación, porque es allí donde no sólo desarrollarán competencias profesionales, sino que afianzarán su vocación. Citando nuevamente a Freire, éste decía que enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad, que la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu, porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado. Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa.
El suma, la tarea del maestro implica un compromiso ineludible con la humanidad. ¿Son los maestros conscientes de ello?